16-11-2004
No sabia que hacer, por un lado
recordaba los buenos momentos pasados con él, pero por otro, quería romper toda
ligazón por muy tenue que fuese para olvidarlo y comenzar una vida libre de
ataduras psíquicas.
Sentada en el sofá, conectó con el
mando a distancia el aparato de música y comenzó a sonar “Voy a apagar la luz
para pensar en ti” , bolero que le retrotraía a los momentos mas intensos en su
relación con él. En aquélla época, eran el uno para el otro, no existía otro
mundo, eso les pasa a todos los enamorados... Quería seguir escuchándola pero
un impulso le hizo cambiar de canal, en el otro cantaba R. Carlos “Tengo que
olvidar...” y se quedó escuchándola convenciéndose a si misma que esa era la
canción que le convenía en esos momentos. Acabó la canción y la siguiente era
de Amaral “Sin ti no soy nada”, optó por apagar la radio y coger una revista
para ojearla.
Paso un rato cuando decidió escribir
en su Diario, lo hacia a menudo, y expresar lo que en ese momento sentía. Abrió
el diario y se quedó dubitativa, quería escribir pero le pudo más el pasado y
comenzó a releer, lo había hecho tantas veces, como si leyendo y leyendo fuera
a volver a la realidad que tanto le gustaba. Su imaginación quedó suelta , las
imágenes de sus recuerdos iban y venían sin que nadie las detuviera, sabía que
no le iba a llevar a nada, pero le gustaba complacerse en ellas, estuvo leyendo
casi dos horas, su cara y sus ojos cambiaban unas veces sonreía y brillaban y
otras fruncía el ceño y se entristecían. Cuando ya creyó que había leído y
recordado lo suficiente, cerró el diario, entornó los ojos, como si se hubiera
dormido y recorrió nuevamente en silencio todo lo leído. De pronto, comenzó a
llorar, no comprendía por qué se rompió aquello, bueno en realidad, si lo
comprendía pero no quería aceptar que él no hubiera luchado por su amor. Él
dejó que la llama se enfriase aparentemente, para que el tiempo hiciera el
resto, es decir se olvidara de ella. Ella, lo cierto es que, nunca lo olvidó,
le amó en silencio pero con dolor, pero a él no le importó, más bien le supuso
una liberación el no tener que optar, se diría que si optó porque se quedó como
estaba; pero él no era feliz en esa
situación aunque lo pudiera disimular , vivía con la inercia de cualquier
pareja aburrida por el paso de los años que no tiene nada que decirse y se conformaba con la costumbre del hábito
adquirido y encasillado que no le causaba problemas de ningún tipo.
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